Corpus Ioanneum

Corpus Ioanneum y Cartas Apostólicas

Fuentes:

http://www.dudasytextos.com/magisterio/apuntes_teologia.htm

http://rsanzcarrera2.wordpress.com/category/corpus-ioanneum-y-epistolas-catolicas/page/8/

TEMA 9: “CORPUS IOANNEUM” Y EPISTOLAS CATOLICAS

9.1. El Evangelio de S. Juan: Características literarias y contenido doctrinal.

9.2. Las epístolas.

9.3. El Apocalipsis.

9.4. La Epístola de Santiago

9.5. La 1ª Epístola de San Pedro

9.6. La 2ª Epístola de San Pedro

9.7. La Epístola de San Judas

A) DESARROLLO

9.1. Características literarias y contenido doctrinal del Evangelio de San Juan.

El Evangelio de S. Juan es peculiar, diverso de los Sinópticos por su contenido narrativo, por el marco geográfico y cronológico de la vida de Jesús y por la imagen de Cristo que presenta. Tiene gran hondura teológica. Todo esto ha hecho surgir la “cuestión ioannea”: largas controversias acerca de la historicidad y autenticidad.

A) Características literarias

a) Estilo y lenguaje.

El lenguaje es a veces simbólico, de gran riqueza doctrinal, aunque la construcción sintáctica y el griego usado son sencillos.

Presenta a Jesús hablando en largos discursos (por contraste con los sinópticos) que más bien parecen monólogos. El propio Juan profundiza las palabras y hechos de Cristo. Los interlocutores de Jesús no son grandes masas (como en los sinópticos) sino personajes concretos (Nicodemo, Samaritana, etc.) o pequeños grupos.

b) Género literario.

Se suele llamar a la obra de Juan Evangelio, pero en realidad este vocablo no se encuentra en el escrito joánico que prefiere hablar de testimonio: (Jn 21, 24): “este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero”. Es un testimonio de valor teológico, que descubre tras los hechos su sentido más profundo, sin que ello merme el valor histórico de todo lo narrado.

El concepto clave en el cuarto Evangelio es testimonio que tiene tres características:

1.- Es ocular: Juan da testimonio de lo que ha visto para suscitar la fe. La secuencia es: ver-testimoniar-creer. Pero ya el mismo ‘ver’ de Juan tiene una doble dimensión: sensible y trascendente. Contempla la realidad de Jesús con ojos de fe.

2.-Los hechos en sí no agotan el testimonio sino que revelan el misterio de Cristo: los milagros son signos (semeia).

3.-El testimonio se da en un contexto jurídico de litigio, de hostilidad, lo cual para Juan tiene el valor de signo: los judíos (mundo hostil) juzgan a Cristo pero El será el Juez de los últimos tiempos.

El Evangelio de Juan es fruto de la profundización progresiva de lo que Cristo hizo y predicó. Su intención teológica es que el lector crea: no tanto informar como transformar, llevar a la conversión.

El Evangelio está inmerso en la luz pascual desde el principio: Cristo es, sobre todo, el Verbo hecho carne.

Recurre con frecuencia al simbolismo: el sentido de los hechos es más hondo que el aparente. Esto no está en detrimento de la historicidad del relato, es decir, que Juan invente los hechos para transmitir una serie de ideas o doctrinas, o que los discursos del Señor sean meras composiciones teológicas suyas, sino que a través de realidades sensibles se manifiesta el sentido profundo de la obra de Cristo, todo parece ser signo de una realidad misteriosa, de ahí la hondura y peculiaridad del evangelio de Juan.

B) Contenido doctrinal

a) Teología trinitaria

El Evangelio de S. Juan es el escrito del NT más explícito en cuanto a la Revelación de la Stma. Trinidad. Juan nos dice que Cristo, Hijo Unigénito que está en el seno del Padre, se hace hombre para darnos a conocer los secretos de la vida íntima de Dios (Jn 1, 18), pues sólo el que está en Dios -el Verbo-, puede hablar del Padre (Jn 6, 46). Jesús es presentado por Juan como el revelador.

* Proclama la Unidad de Dios:

-Es Dios quien ha enviado al Bautista (cfr. Jn 1,6).

-De Dios nacemos a la vida de la gracia (cfr. Jn 1, 12-13).

-A Dios nadie lo ha visto jamás (cfr. Jn 1, 18).

* Y se refiere a cada una de las tres Personas:

-Prólogo: El Verbo es Dios, consubstancial con el Padre: usa Theós con artículo cuando designa a la Persona del Padre, y sin artículo cuando se refiere a la esencia divina.

-Verbo: Unigénito del Padre (cfr. Jn 1, 14).

Identidad de naturaleza: “somos uno” y distinción de personas: le llama Padre (cfr. Jn 1, 14).

Da a conocer al Padre: el que le ve, ve al Padre (cfr. 14, 8-11).

Nos hace hijos de Dios (cfr. 1 Jn 10, 30).

Cristo revela al Padre con sus obras: el culmen es la luz manifestación suprema del amor salvífico de Dios (Jn 1, 18; 9, 3; 17, 6).

-E. Santo: revela su existencia:

Desciende sobre Jesús en el Bautismo (cfr. Jn 1, 34).

Nacer del agua y el Espíritu para entrar en el Reino (cfr. Jn 3, 5).

El Consolador, Espíritu de Verdad: morará en los que creen en Cristo, les recordará sus enseñanzas y les dará luces para comprender su verdadero sentido (cfr. Jn 14, 16-26).

Infusión de Espíritu en Pentecostés, antes a los Apóstoles para perdón de los pecados (cfr. Jn 20, 22-23).

b) Teología moral: Fe y Caridad

*La Fe: S. Juan señala que ha escrito su Evangelio “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y, para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Jn 20, 31).

La fe en Cristo conduce a la vida eterna: por ella nos unimos a Jesús y participamos de su victoria sobre el pecado y la muerte (cfr. Jn 5, 4).

La fe es la respuesta amorosa al amor de Dios manifestado en Cristo “tanto amó Dios al mundo…” (Jn 3, 16).

Jesús muestra la importancia de la fe “el que cree en mi no morirá”.

La fe es un modo de participar ya de la vida divina “el que cree tiene vida eterna”

Relación creer-conocer: con la fe nos adherimos a la verdad aceptándola de corazón y obteniendo un conocimiento profundo de Dios.

La fe admite grados: el crecimiento va unido al conocimiento más profundo de Cristo. La fe es don gratuito y acto libre del hombre.

* La caridad: es tema predominante, “Dios es Amor”, El toma la iniciativa en el amor: nos entrega a su Hijo. El amor supremo culmina en la Cruz. El hombre debe corresponder, pero además, al ser imagen de Dios, se identifica con El en la medida en que ama.

Cristo nos da el doble precepto de la caridad: amar a Dios y al prójimo “como yo os he amado”, es la nota peculiar del verdadero discípulo, la que distingue al cristiano.

c) Soteriología: Culto y Sacramentos

S. Juan descubre que tras los hechos del Señor hay unas realidades salvíficas sobrenaturales, y que a través de la humanidad de Cristo se manifiesta su Divinidad. Todo esto se relaciona íntimamente con el principio básico de la Teología Sacramentaria: el valor de los elementos sensibles como instrumentos para significar y producir la gracia.

S. Juan habla de manera explícita de: Bautismo (cfr. Jn 3, 1-21): conversación con Nicodemo; Eucaristía: Io 6: discurso del Pan de Vida; Penitencia (Jn 20, 22): “a quienes perdonéis…”.

De modo indirecto: de la Confirmación: promesa de enviar Espíritu Santo a los Apóstoles para confirmarles en su misión (cfr. Jn 14, 26); Matrimonio (cfr. Jn 2, 1): Caná; Orden (cfr. Jn 17, 19): la oración sacerdotal de Jesús.

d)La Virgen María

Juan la designa Madre de Jesús. Relata dos pasajes paralelos: -Caná, Calvario- en que Cristo la llama “mujer”(alusión a Gen 3, 15: victoria sobre el demonio en la que participa María), significando su íntima vinculación a la Redención mesiánica.

Su Maternidad Divina -“Madre de Jesús”-, se extiende a los miembros del Cuerpo Místico de Cristo: Juan representa a todos los hombres que, al pie de la Cruz, reciben junto con él a María como Madre (maternidad espiritual). El cuarto Evangelio es vital para la Mariología.

9.2. Las epístolas de San Juan.

Según la tradición San Juan escribió sus tres cartas en Éfeso a la vuelta del destierro de Patmos hacia los años 95-96. La autenticidad de la primera carta está documentada desde muy antiguo. Las semejanzas de estilo, estructura de las frases y vocabulario confirman que su autor es el mismo que el del IV evangelio; tiene giros típicamente arameos: ser de Dios, permanecer en la verdad, caminar en la luz, luz, tinieblas, verdad-mentira etc.

La segunda y la tercera fueron puestas en duda al principio por algunos, pero presentan las mismas semejanzas de doctrina y estilo.

Primera epístola

No tiene encabezamiento ni nombre del autor ni destinatarios ni saludos de despedida. Parece ser la última de las tres; el motivo de la misma es denunciar las desviaciones de falsos doctores que habían surgido en el seno de las jóvenes iglesias y fortalecer en la fe a los creyentes. Los principales errores que refuta son de tipo gnóstico.

El pensamiento no se desarrolla de modo lineal; el autor vuelve sobre las mismas ideas desde ángulos diversos.

Podemos resumir la doctrina en cuatro puntos:

1.- La comunión del cristiano con Dios se funda en la fe en Cristo Hijo de Dios y la guarda de los mandamientos, especialmente la práctica de la caridad fraterna.

2.- Fe en Jesucristo, sólo creyendo en Jesucristo estamos unidos al Padre (Jn 2, 26; 4, 15) y poseemos la vida eterna (Jn 5, 11-13); es el único Mediador entre Dios y los hombres. En Cristo y por Él somos hijos de Dios.

3.- Caridad: tema central. Dios es comunidad viva de amor. De ella, a través de Cristo participan los hijos de Dios. Cristo nos lo revela y comunica todo mediante el bautismo. El don de la caridad capacita y obliga a amar a Dios y al prójimo.

4.- Filiación divina: La comunión con Dios y la vida de la gracia recibida a través de Cristo constituyen al cristiano en Hijo de Dios. Tal filiación divina lleva consigo una identificación misteriosa con Cristo. Exigencias de esta condición: apartarse del pecado, caridad fraterna, obrar la justicia.

Segunda epístola

Se suele considerar un esbozo o resumen de la primera.

Destinatario: a la Señora Elegida y a sus hijos (parece ser una Iglesia local). Las recomendaciones que hace el autor coinciden con los temas tratados ampliamente en la primera epístola: amor fraterno, observancia de los mandamientos, el cuidado frente a los seductores, etc.

Tercera epístola

Destinatario: Gayo. Lo elogia por ser verdadero cristiano. Los motivos son unos conflictos surgidos en una comunidad cristiana.

No tiene doctrinas nuevas pero es un valioso testimonio de las vidas de las comunidades, y un modelo de los escritos de recomendación.

En la segunda y tercera el autor se presenta como “el presbítero”. Desde el principio se difundieron como escritas por el Apóstol Juan, así lo atestiguan San Policarpo y San Ireneo, entre otros. Se les denomina “menores” por su brevedad.

9.3. Apocalipsis de San Juan.

Es el único libro, dentro del NT, de carácter profético. Pertenece al grupo de los libros deuterocanónicos, es decir, aquellos escritos que durante cierto tiempo no fueron recibidos como sagrados por todas las comunidades cristianas, probablemente, porque lo utilizaban algunas sectas heréticas para apoyar sus doctrinas. Se originaron sospechas sobre su autenticidad en algunos ámbitos de la Iglesia, sobre todo en Oriente. Desde el s.II hay testimonios de que el autor es S. Juan.

Lugar y fecha de composición: Patmos en el año 95 aproximadamente.

Destinatarios y finalidad: “Las siete Iglesias de Asia”, número simbólico que significa la Iglesia universal. Su finalidad es poner en guardia a los cristianos contra los peligros para la fe (herejías), consolar y animar a los que sufrían las persecuciones de Domiciano.

Género literario: aunque tiene el nombre de Apocalipsis, y utiliza un lenguaje y simbolismo similar a la apocalíptica judía, se parece más en sus rasgos fundamentales a los libros proféticos, en efecto, Juan considera su libro como “profecía” (Apoc 1, 3); es un libro de consolación, surgido en un período de dificultades, y a la vez una llamada a la conversión, la urgencia del compromiso con el bien y el optimismo de la confianza en el poder de Dios.

* Lenguaje y estilo: uso de imágenes simbólicas connatural al género apocalíptico. Algunos símbolos son: Objetos: candelabro de siete brazos, libro de siete sellos, dos olivos…; gestos: marcar la frente de los elegidos, comer el libro de la profecía; ciudades: Sión, Babilonia; números: 3= lo sobrenatural y divino, 4= lo creado; 7 y 12= plenitud; colores: blanco = victoria y pureza; rojo = violencia; negro = muerte

También es típica la “ley de la anticipación”: anunciar brevemente un acontecimiento que luego será desarrollado con plenitud.

*Interpretación del Apocalipsis

Por su carácter simbólico ha recibido diversas interpretaciones. Destacan cuatro:

1. Es una descripción de la historia de la Iglesia, se anuncian los momentos más importantes por los que ha pasado, o tiene que pasar la Iglesia. Interpretación literal, se dio en los primeros siglos, en la Edad Media y actualmente en algunas sectas.

2. Cuadro de persecuciones y dificultades de la Iglesia que se dieron sólo en tiempo de S. Juan. Descripción simbólica. Esta interpretación se inicia en el s. XVI con influencia en la crítica racionalista.

3. El Apocalipsis es un anuncio y premonición para los últimos tiempos. Interpretación dada en el s. XVIII, seguida por algunos autores.

4. Es una visión teológica de toda la Historia subrayando su aspecto trascendente y religioso. Por una parte se presenta la lucha cósmica entre el bien y el mal, pero por otra se da por sentado el triunfo definitivo de Cristo. Es una concepción acorde con el IV Evangelio, donde también se presenta la época definitiva y la vida eterna, ya iniciada ahora de alguna manera y en marcha hacia la plenitud total. Es la interpretación más aceptable y la que proponían los Padres.

Doctrina:

El núcleo doctrinal es la segunda venida de Cristo y el establecimiento definitivo de su reino al final de los tiempos, destacan los siguientes puntos:

1. Dios Todopoderoso: trascendencia y dominio absoluto de Dios: Alfa-Omega (Apoc 1, 8). Dios es eterno e inmortal. Señor de la Historia, Padre justo y veraz, Juez universal e inapelable.

2. Cristo: Predomina el aspecto glorioso del Señor, especialmente bajo el símbolo del Cordero -que recuerda su sacrificio-. Hijo del Hombre y rey, se habla claramente de su divinidad – es el Verbo- (Apoc 19, 13).

3. Espíritu Santo: es el que más habla a las Iglesias, las alienta y anima con un impulso interior que empuja a suplicar la venida del Señor.

4. La Iglesia: está presente en todo el Apocalipsis. Se enseña que es una, universal, esposa de Cristo, presente en las comunidades de creyentes. Viene presentada bajo diversas imágenes: mujer coronada de doce estrellas -según interpretación eclesiológica-, Ciudad Santa, nueva Jerusalén, Templo de Dios, Pueblo elegido, esposa del Cordero (Apoc 19, 7).

5. Los ángeles: aparecen con frecuencia como mensajeros de Dios, protectores de los hombres, ejecutores de los castigos divinos; libran la batalla del Bien contra el Mal; adoradores de Dios y del Cordero (Apoc 5, 11).

6. La Virgen María: interpretación mariológica de la mujer, figura esplendorosa, enfrentada con la serpiente -paralelo en Gen 3, 15-; se relaciona estrechamente a María como Imagen de la Iglesia.

B) RESUMEN

Evangelio de Sn. Juan.

El IV evangelio es peculiar, diverso de los Sinópticos. Está tan cerca de los hechos de Jesús como los Sinópticos, pero en Juan adquieren un dramatismo y hondura teológica grandiosa. No busca tanto informar como llevar a la conversión.

Jesucristo es el Verbo encarnado, el Enviado y Revelador del Padre que por su muerte y resurrección nos hace hijos de Dios. Pero sólo por la fe en Él tenemos vida eterna.

El Espíritu Santo es el Consolador que estará siempre con los que creen en Cristo y recordará cuanto dijo e hizo Jesús.

Dios es Amor y la nota distintiva del cristiano es el amor a Dios y al prójimo a ejemplo de Jesucristo.

Las cartas

Desarrolla la doctrina de la comunión del cristiano con Dios.

Aparece frecuentemente la fe en la persona y en la obra redentora del Hijo de Dios.

Ante las herejías busca fortalecer a los cristianos en la fe recibida insistiendo en la divinidad de Jesucristo, su Encarnación redentora y su Mediación.

El amor a Dios se manifiesta en guardar sus mandamientos principalmente en el amor al prójimo, en definitiva, vivir santamente.

El Apocalipsis

El libro va dirigido a las siete iglesias que están en Asia. Los autores coinciden en que se trata de un número simbólico y que, en realidad, está destinado a la Iglesia universal.

La obra de s. Juan aunque lleva el título de “Apocalipsis”, se parece más en sus rasgos fundamentales a los profetas que a los apocalípticos. Utiliza frecuentemente imágenes simbólicas.

El núcleo doctrinal del Apocalipsis está formado por la segunda venida del Señor -la Parusía- y el establecimiento definitivo de su Reino al final de los tiempos.

Su finalidad es poner en guardia a los cristianos frente a los peligros contra la fe, consolar y animar a cuantos sufrían persecución.

Presenta una fuerte llamada a la conversión, al compromiso con el bien y la confianza en el poder de Dios.

9.4 La Epístola de Santiago

La Carta de Santiago encabeza el grupo de las llamadas católicas. Ha sido poco comentada probablemente porque contiene más enseñanzas morales que doctrinales. A partir del siglo XVI (controversia luterana) ha sido estudiada por la cuestión de la fe y de las obras (cf. 2, 14-16).

9.4.1 Autor:

La carta empieza así: “Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo” (cf. 1, 1). Del resto de la carta apenas pueden sacarse más datos personales del autor, excepto que se incluye entre los maestros (cf. 3,1). Se trata pues de un autor conocido y de prestigio entre los primeros cristianos, y que se llama Santiago.

En el N.T. aparecen hasta cinco personajes con este nombre: Santiago, hijo de Zebedeo, llamado Mayor; Santiago el de Alfeo, también apóstol, llamado el Menor; Santiago el “hermano del Señor”; Santiago obispo de Jerusalén; y Santiago, al que se le apareció el Señor resucitado. Los estudiosos admiten pacíficamente que los tres últimos son la misma persona.

Santiago el Mayor fue martirizado por Herodes Agripa hacia el 44 d. C. y parece que no pudo ser el autor de esta carta. Respecto a los otros dos, Santiago el menor y Santiago el “hermano del Señor”, aunque la Iglesia Griega los distingue, pues celebra sus fiestas en días distintos, la Iglesia Latina los identifica en su liturgia, como la misma persona. Aunque los datos no sean definitivos es probable que sean la misma persona. Este, Santiago el de Alfeo, después de la marcha de San Pedro a Roma, quedó como cabeza de la Iglesia de Jerusalén. Fue martirizado hacia el 62 d. C.

Por eso se sostiene que es bastante probable que el autor de la carta es Santiago de Alfeo, “hermano del Señor” y obispo de Jerusalén. El estudio interno de la carta confirma la autenticidad jacobea: por una parte el trasfondo semita, las citas del A.T. y las expresiones judaizantes; por otra es innegable el espíritu cristiano de la epístola. Su carácter pastoral indica que fue escrita por el que hacía cabeza en una comunidad. El testimonio de la tradición atribuye este escrito a Santiago, el “hermano del Señor” (S. Clemente Romano, Pastor de Hermas, S. Justino, S. Ireneo, etc…).

9.4.2 Canonicidad

Hemos visto que los Santos Padres lo citan como escrito inspirado, sobre todo a partir del siglo III. El primer testimonio explícito es el de Orígenes (In Iesu Nave y In Ioann. comm.). Eusebio de Cesarea, aunque le pone en los escritos “discutidos”, reconoce que es aceptada por la mayoría. A partir del Concilio de Laodicea (hacia el 360 d. C.) aparece en todos los catálogos de libros inspirados. En el siglo XVI se puso en duda de nuevo la autenticidad, y no tanto la canonicidad. Lutero la rechazó porque veía una clara oposición entre la doctrina de la carta y su teoría de la justificación. Otros, como Melanchton y Calvino la aceptaron. Trento definió solemnemente su canonicidad.

9.4.3 Fecha y lugar de composición

El lugar de composición debió ser Palestina, como parece deducirse del comienzo de la carta y del ambiente que refleja.

Respecto a la fecha de composición se consideran dos posibilidades, que dependen de la relación entre Santiago y San Pablo. Hay una estrecha relación, en el tema de la fe y de las obras, con Romanos y Gálatas. Algunos han sostenido que Santiago fue quien habló primero, antes del Concilio de Jerusalén, y según esta teoría la carta de Santiago sería el escrito más antiguo del N.T. (entre el 35 y el 50 d.C.). Esta opinión parece la más probable, ya que la encíclica no alude a la crisis judaizante, ni a las decisiones del Concilio de Jerusalén acerca de esta. Otro argumento es que Pedro y Judas parecen haber empleado este documento en sus cartas.

Pero no se puede descartar tampoco la posibilidad de que Santiago conociera las epístolas de San Pablo a Gálatas y Romanos, y, sin mencionarlas, se propusiera salir al paso de ciertas conclusiones erróneas que algunos pretendieran sacar de ellas. En este caso, la fecha más probable sería hacia el año 60 d. C.

9.4.4 Destinatarios Inmediatos

Va dirigida a las “doce tribus de la diáspora” (St 1,1). Es decir, los judíos que vivían fuera de Palestina, entre los gentiles. Pero, también los cristianos podían ser denominados “las tribus de la dispersión”, puesto que son depositarios y herederos de las promesas patriarcales y peregrinan en tierra extraña mientras están en esta vida. Con mayor razón, pues, podrían ser designados así los cristianos provenientes del judaísmo y residentes fuera de Jerusalén.

9.4.5 Contenido y Estructura

La enseñanza que da unidad a toda la carta es la coherencia entre la fe y la vida del creyente: el comportamiento cristiano ha de reflejar en cada momento la fe que profesa.

En cuanto a la estructura, podríamos dividir la carta en tres grandes partes:

a) Instrucciones preparatorias (1,1 – 2,13): una serie de instrucciones relacionadas entre si a tal punto que no se puede distinguir perfectamente cuando termina una y empieza otra. Enseña el valor del sufrimiento; que sólo de Dios puede provenir el bien; que aceptar lo que proviene de Dios implica poner por obra la palabra oída y evitar la acepción de personas.

b) La coherencia entre la fe que se profesa y las obras que se realizan (2,14-26): recoge la enseñanza fundamental de la carta, la idea central: la fe que no se traduce en obras está muerta (cf. 2, 14-19). Una y otra vez repite la misma idea, a modo de estribillo. Aquí se ha querido ver una posible discrepancia con los escritos de San Pablo, pero aunque el vocabulario es idéntico, la perspectiva es diferente, y no hay dicha contradicción. San Pablo afirma que la fe actúa por la caridad, y sin embargo, en polémica con los judaizantes afirma que las obras de la Antigua Ley no son necesarias: lo que importa es la fe. Santiago quiere insistir sobre todo en que la fe ha de reflejarse en el comportamiento. Puede decirse que la lectura de Santiago matiza y corrige las desviaciones erróneas que algunos pudieran deducir del planteamiento correcto de San Pablo.

c) Aplicaciones concretas de este principio fundamental (3,1 – 5,6): las aplicaciones prácticas se agolpan y entrelazan: se exhorta a dominar la lengua; a buscar la verdadera sabiduría y rechazar la falsa; a detectar el origen de las discordias; y a confiar plenamente en la Providencia divina.

La carta termina con una exhortación final, con unas recomendaciones escuetas en la expresión pero profundas en contenido (cf. 5,7-20). De ellas se destaca el trato que da al sacramento de la Unción de los Enfermos (5,14-15).

9.5. La 1ª Epístola de San Pedro

Sobre la figura del apóstol San Pedro tanto los Evangelios, como los Hechos de los Apóstoles, como las cartas paulinas, nos ofrecen datos suficientes para conocer los rasgos más característicos de su persona, destacando entre todos ellos el papel decisivo que Cristo le asignó en la primera comunidad cristiana.

9.5.1 Autenticidad y Canonicidad

En el saludo inicial aparece como autor el apóstol San Pedro (1,1), testigo de los sufrimientos de Cristo (5,1). Esto es coherente tanto con los testimonios externos de la Tradición, como con el estudio del contenido de la epístola.

Durante la antigüedad cristiana, nunca fue puesta en duda ni la autenticidad petrina de la carta, ni su carácter inspirado y canónico. Así lo atestiguan S. Ireneo de Lyon, Clemente de Alejandría (que escribió el primer comentario a esta carta), y anteriormente S. Policarpo y Papías ya la habían citado. Eusebio afirma que esta carta es de los escritos del N.T. que son admitidos por todos, sin oposición alguna.

También todos los cánones antiguos (con excepción del de Muratori, y quizá porque este no se conserva íntegro)  mencionan esta carta como escrito inspirado y canónico.

En cuanto a la autenticidad, el estudio interno de la epístola apoya su origen petrino, pues son patentes las semejanzas entre la doctrina de la epístola y los discursos de San Pedro recogidos en Hechos. Esto no significa que San Pedro no pueda haberse servido de un amanuense, como era costumbre en la antigüedad. En esta epístola además hay una frase que viene al final y que puede ser interpretada en este sentido: “Por medio de Silvano, a quien tengo por hermano fiel, os he escrito brevemente” (I Pe 5,20). Este tal Silvano puede haber actuado simplemente como portador y comentador de la carta; como amanuense escribiendo al dictado del Apóstol; o aún como un redactor, que pone fielmente por escrito las ideas que le da San Pedro. S. Jerónimo acude a esta última hipótesis para explicar las diferencias de estilo entre I Pe y II Pe, diciendo que fueron distintos redactores al servicio del mismo autor, el Apóstol.

Lo que hay que resaltar es que la posibilidad de Silvano como redactor de la epístola no es contraria a la autenticidad petrina. Sin embargo, ha llevado a autores como Gunkel a negar tal autenticidad, en contra de la mayoría de los estudiosos, que la afirman.

9.5.2 Destinatarios y circunstancias de composición

La carta está dirigida a una serie de comunidades cristianas que vivían en diversas regiones de Asia Menor, un ambiente hostil, que podía suponer un peligro para la perseverancia de los fieles. El ambiente hostil no se refiere a persecuciones oficiales, sino más bien a vejaciones provenientes de un ambiente social pagano, al que molestaba la conducta de los recién convertidos. La carta tiene unos claros acentos de consuelo y exhortación. Es posible que el Apóstol, al enterarse de las dificultades que pasaban estos fieles, sintiera la conveniencia de escribirles unas palabras de exhortación a la fidelidad, recordándoles su dignidad de cristianos.

De la carta se deduce que parte de estos cristianos eran conversos procedentes del paganismo, por decir que Dios los “llamó de las tinieblas a su admirable luz” (2,9), para que fueran “pueblo de Dios” (2,10). Eran la primera generación de cristianos en aquella región, por eso San Pedro les recuerda constantemente su Bautismo y les recomienda que mantengan viva la caridad “que cubre la muchedumbre de los pecados” (4,8).

En cuanto a la fecha hay datos que ayudan a fijarla alrededor del año 64 d.C. La carta supone la propagación del cristianismo en Asia Menor, y por tanto es posterior a los últimos viajes de San Pablo por la región (50-57 d. C.). A la vez, el hecho de que no se mencione a San Pablo parece indicar que este ya había abandonado Roma, después de su liberación en la primavera del 63 d.C. Por otra parte no menciona a las persecuciones de Nerón (julio del 64 d.C.), y debió entonces ser escrita con anterioridad a estas. Todo eso permite pensar que fue escrita en el año 64 d.C., como se señaló arriba.

En cuanto al lugar de composición, en la carta se dice que fue escrita en “Babilonia”, una indudable mención a Roma.

9.5.3 Contenido

No es fácil descubrir un esquema preciso en la epístola. Con frecuencia los temas doctrinales se abordan al hilo de la exhortación, que da el tono a todo el escrito. De todos modos hay que subrayar que la ausencia de un esquema claro no se opone a la unidad de la carta. Un punto importante que hay que destacar en la carta es la insistencia en la realidad y el valor del Bautismo, que realiza la incorporación a Jesucristo y el comienzo de una vida nueva.

Podríamos dividir la epístola del siguiente modo:

a) Prólogo (1, 1-12): el saludo inicial y un himno introductorio de acción de gracias por la regeneración operada por el Bautismo.

b) Exhortación a la santidad (1,13 – 2,10): vibrante invitación a buscar la santidad, basada en dos argumentos: la santidad de Dios que los llamó, y el valor supremo de la sangre de Cristo que los rescató del pecado.

c) Obligaciones de los cristianos en la sociedad (2,11-3,12): vida ejemplar de todos, aún en un ambiente pagano; sujeción a los que ostentan la autoridad legítima; justa sumisión de los siervos a sus amos; y obligaciones de los esposos para que hagan posible la paz y la concordia en la vida familiar. Como consejo final exhorta a todos a tener un “mismo sentir”, no devolviendo mal con mal, sino siempre obrando el bien.

d) Actitud del cristiano frente a las persecuciones y contrariedades (3,13 – 4,19): el bautizado participa en el misterio de Cristo, y por eso, cuando sufre injustamente puede sentirse bienaventurado. El cristiano, incorporado a Jesucristo, ha roto con el pecado y ha de vivir la caridad.

e) Exhortaciones a los presbíteros (5,1-4) y a todos los fieles (5,5-11): animándoles a confiar en el Señor.

f) Epílogo (5,12-14): contiene saludos de la Iglesia desde la que escribe, terminando con unas palabras de bendición.

9.6. La 2ª Epístola de San Pedro

Este es probablemente el escrito del N.T. cuya autenticidad ha planteado mayores dudas, a pesar de los datos que trae.

9.6.1 El Autor y la canonicidad

Al comienzo de la carta el autor se presenta con sus dos nombres, Simón Pedro, añadiendo la referencia a su vocación al decir “apóstol de Jesucristo”. Además, en el texto se hacen referencias a la vida de San Pedro: testigo ocular de la transfiguración (1,16); escribe por segunda vez a los mismos lectores (referencia a 1 Pe, en 3,1); y habla de su muerte (1,14), quizá refiriéndose a las palabras proféticas de Jesús sobre su martirio.

Sin embargo, presenta dificultades a la hora de definir su autenticidad, quizá por que presenta un vocabulario y un estilo bien distintos a los de 1 Pe, con expresiones que cuadrarían mejor en una época más tardía.

En los primeros siglos faltan noticias sobre esta carta. Sin embargo, a partir de los siglos III y IV son ya numerosos los testimonios a favor de la autenticidad petrina. Entre ellos están Clemente de Alejandría, Orígenes y Firmiliano, obispo de Cesarea. Ya Eusebio de Cesarea coloca esta carta entre los escritos antilogoúmena (discutidos) del N.T., es decir, no admitidos por todos, aunque sí por la mayoría. Él, particularmente, no la considera canónica, aunque otros autores del siglo IV, como S. Basilio, S. Gregorio Nacianceno y Dídimo la utilizan en sus obras. Ya vimos, al hablar de 1 Pe, la explicación de S. Jerónimo a las diferencias de estilo entre las dos epístolas de Pedro.

Pero aún quedándonos en el análisis interno de la carta, hay que resaltar que, además de las diferencias, presenta también muchas semejanzas con la anterior.

No hay que descartar la hipótesis de que un discípulo anónimo de San Pedro, bajo la inspiración del E. S., quisiera transmitir unas enseñanzas concordes con las del Apóstol. En este caso estaría acudiendo a un recurso frecuente en aquella época, la seudonimia.

Si esto fuera cierto la carta podría haber sido escrita hacia los años 80-90, y pudo ser escrita en Roma, o bien en una localidad de Asia Menor o Egipto. Si la hubiera escrito el mismo San Pedro, lo que no es imposible, la fecha de composición sería entre el año 64 y 67 d.C., y el lugar Roma, dónde poco después fue martirizado.

En cuanto a la inspiración y canonicidad, la cuestión de la seudonimia no presenta mayores problemas. La carta aparece en las listas más antiguas de libros canónicos y fue definida solemnemente en Trento como inspirada y canónica.

9.6.2 Destinatarios

A tenor de sus primeras palabras la carta va dirigida a los cristianos en general. Algunas expresiones hacen suponer que los destinatarios inmediatos podrían ser los cristianos procedentes de la gentilidad, en Grecia o Asia Menor.

Por otra parte, da la impresión de que el autor los conociera personalmente (1,12-16) y que son los mismos destinatarios de la primera carta (3,1). Aunque fuera destinada inmediatamente a unos fieles determinados, se deduce del tono general de la carta que el autor sagrado piensa en todos los cristianos.

9.6.3 Relaciones entre 2 Pe y la epístola de San Judas

El saludo inicial y la despedida son afines. Reflejan una situación parecida y se parecen en las recomendaciones que hacen. Entre 2 Pe 2,1-3,3 y Jds 4-18, al hablar de los falsos profetas, hay tal paralelo que sería difícil explicarlo sin suponer alguna conexión entre los dos escritos. Lo más probable es que 2 Pe esté en dependencia de la carta de San Judas, ya que desarrolla más los temas que Judas trata de manera más sucinta y tiene un estilo más elaborado. Parece ser que el autor de esta carta conocía la de San Judas.

9.6.4 Contenido

La epístola presenta una estructura bastante clara. Se puede sintetizar de la siguiente manera:

a) Saludo Inicial (1,1-2)

b) Llamada a mantenerse fieles a la doctrina recibida (1,3-21): con las consiguientes exhortaciones morales.

c) Diatriba contra los “falsos profetas” (2,1-22): una larga exposición contra los falsos doctores, que llevan una vida pervertida y quieren corromper a los demás.

d) Sobre la parusía (3,1-16): refutando las falsas opiniones y proponiendo la verdadera enseñanza.

e) Epílogo (3,17-18): una exhortación a la perseverancia.

Vemos, por tanto, que los temas doctrinales que destacan son la parusía, o segunda venida de Cristo, tema en el que el autor adopta una clara postura escatológica; la refutación de las teorías engañosas de los “falsos profetas”, que no creen en esta segunda venida; y las exhortaciones morales, frente a la relajación de las costumbres.

9.7. La Epístola de San Judas

En el orden de los libros del Nuevo Testamento este es el penúltimo, inmediatemente antes del Apocalipsis. Es un escrito corto, compuesto de 25 versículos, sin división en capítulos.

9.7.1 El Autor

Se presenta como “Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Santiago” (v.1). Este título de siervo, aunque conviene a todos los cristianos, corresponde de manera particular a los apóstoles y a sus sucesores. La referencia a Santiago, por los datos que tenemos del N.T., tiene que ser al “hermano del Señor”, obispo de Jerusalén (ver el autor de la epístola de Santiago). Como en la epístola de Santiago, se plantea la cuestión de si este Judas, autor de la carta y que figura entre los “hermanos del Señor”, es el apóstol de mismo nombre, o si se tratan de dos personas distintas. San Lucas en su lista de los apóstoles habla de “Judas el de Santiago”, quizá refiriéndose a su hermano, más conocido de todos cuando se escribe el Evangelio. En Mt y Mc se le cita como Judas Tadeo, a continuación de su hermano Santiago, “el de Alfeo”. Por eso, la identificación entre el apóstol y el autor de la carta como un misma persona, aunque no se impone con absoluta certeza, tiene sólidos argumentos a su favor.

9.7.2 Autenticidad y Canonicidad

La tradición eclesiástica, desde antiguo, señaló explícitamente como autor de la carta al Apóstol San Judas. Así lo atestiguan Orígenes, Tertuliano, Clemente de Alejandría (que escribió un comentario sobre ella), y, ya en el siglo IV, S. Atanasio y S. Cirilo de Jerusalén. El Canon de Muratori la cita expresamente entre los escritos canónicos. Eusebio dice que era admitida por la mayoría, aunque existían algunas voces contrarias.

Judas (vv.14-15) cita un versículo del libro apócrifo de Henoc,  pero eso no desdice en nada de su canonicidad, porque por esta cita no se puede concluir que Judas apruebe todo el libro de Henoc, ni mucho menos que lo considere inspirado.

Como los demás libros de la Biblia su canonicidad fue definida solemnemente en Trento.

9.7.3 Destinatarios y fecha de composición

Sobre os destinatarios inmediatos nos faltan indicaciones precisas, ya que el saludo inicial es muy genérico, pudiendo ser empleado para referirse a todos los cristianos. Se puede pensar, con bastante probabilidad, que se trataba de cristianos provenientes del judaísmo. Eso explicaría las alusiones a tradiciones judías extrabíblicas (p.ej. el libro de Henoc). Sin embargo, algunos piensan que se dirige a cristianos provenientes del paganismo. Posiblemente el hecho de que no se mencionen destinatarios concretos motivó su inclusión en las llamadas “epístolas católicas”, ya desde Orígenes.

La referencia a Santiago (v.1) podría indicar que se destinara a los mismos lectores de la epístola escrita por este. En este caso habría que fecharla después de la muerte de este, en el año 62 d.C. Algunos dicen que por no hablar de la destrucción del templo habría que fecharla antes del año 70 d.C. Aunque el argumento del silencio no prueba nada, no parece razonable extender la fecha de composición mucho más allá de dicho año.

9.7.4 Contenido

Al ser muy breve la carta, todos los temas son tratados sucintamente. Se podría dividir de la siguiente manera:

a) Saludo inicial (vv.1-2) y motivo de la carta (vv.3-4)

b) Parte destinada a desenmascarar los “falsos doctores” (vv.5-16): trata del castigo que espera a los impíos, recrimina su conducta blasfema y perversa, para terminar recordando el juicio divino.

c) Exhortaciones a los fieles (vv.17-23): dice que los Apóstoles ya habían predicho la aparición de los falsos maestros y exhorta a fundamentar la vida sobre la fe, la oración, la caridad y la esperanza. Indica que deben hacer los que se dejaron influenciar por los falsos doctores.

d) Doxología final (vv.24-25)

C) BIBLIOGRAFíA

A. GARCIA-MORENO, Introducción al Misterio. Evangelio de san Juan, ed. Eunate, Pamplona 1997.

FACULTAD DE TEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA, Sagrada Biblia: Nuevo Testamento, tomos IV, XI y XII, ed. Eunsa, Pamplona 1976-1989.

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Las Epístolas de San Juan; El Apocalipsis

El Prólogo:

  1. El prólogo del Evangelio (1,1-18) ofrece la clave para entender con profundidad todo cuanto el evangelista va a escribir a continuación. Es al mismo tiempo prólogo de la obra e himno en honor de Jesucristo, elLogos del Padre, su Hijo Unigénito.
    1. Como ya vimos, las connotaciones culturales y religiosas que tiene el término “logos” permiten entender mejor la riqueza de estos versículos.
    2. De especial interés tiene la relación del “logos” con la Sabiduría de Dios, tal como aparece en el Antiguo Testamento. (Cfr. Alusiones en: Génesis, Éxodo, Sabiduría).
  2. El estudio exegético del Prólogo muestra cómo para el evangelista todas las visiones que los hombres habían tenido de Dios en este mundo habían sido indirectas, ya que sólo contemplaron la gloria divina, esto es, el resplandor de su grandeza. Pero al llegar la plenitud de los tiempos, enseña, la manifestación de Dios se hace más próxima y personal, ya que Jesucristo es la imagen visible del Dios invisible, es la revelación máxima de Dios en este mundo.
    1. Mientras que el Evangelio de Marcos se inicia con el bautismo del Señor y los de Mateo y Lucas se remontan a su infancia, Juan va más lejos todavía y comienza hablando de su origen divino.En su Prólogo tan característico, presenta a Jesús como la “Palabra” de Dios personificada, que existía desde siempre junto al Padre y “era Dios” (1, 1-2). Esa Palabra trasciende infinitamente el mundo y la historia, pero a la vez es una Palabra “creadora”: “Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra“, y en ella está la Vida que ilumina a los hombres (1, 3-4).
    2. Y para revelarles el rostro invisible de Dios y hacerlos participar de su filiación divina, la Palabra eterna e increada “se hizo carne” y vino a convivir con los hombres “como Hijo único” del Padre (1. 14). Es el Misterio de la Encarnación: Dios tiene ahora un rostro humano.Al advertirnos que las tinieblas del mundo no recibieron a la Palabra (1.,5, 11), Juan anticipa el tema del eterno conflicto entre la luz y las tinieblas, tan destacado en su Evangelio. Más que una introducción, este admirable Prólogo –como la obertura de una ópera– es un resumen de todos los temas contenidos en el resto del Libro.

Manifestación de Jesús mediante sus signos y sus palabras (1: 19 – 12: 50)

Esta parte, a la que se le suele denominar “libro de los signos”, muestra a la Palabra que se revela al mundo y a los suyos, pero ellos no le aceptan. Jesús, mediante sus milagros –signos- y sus palabras, aparece atrayendo hacía sí a diversas clases de gente, al mismo tiempo que provoca la hostilidad entre muchos de “los judíos“. Al final (12,39-40) el Evangelio cita a Is 6,10 probando que Dios ha cegado sus ojos y endurecido sus corazones de modo que no son capaces de ver. Así pues, el “libro” ilustra el tema del prólogo: “Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron” (1,11).

Podemos hacer este esquema resumen de esta parte del libro:

El libro de los signos: “los suyos no la recibieron…” (1,19-12,50)

El ministerio de Jesús. El relato de la predicación de Jesús culmina con el rechazo de su predicación por parte de “los suyos” que tienen el corazón endurecido. Su rechazo de la luz les impide convertirse en “hijos de la luz” (12,36)

– El anuncio de la nueva economía (1,19–4,54): la semana inicial y los acontecimientos que gravitan en torno a la primera Pascua.

La reunión de los discípulos: En la primera parte de su ministerio público, Jesús reúne a los discípulos, son los que creen en él aunque con fe inadecuada; también hay simpatizantes entre los que también hay no judíos como los samaritanos y paganos como el funcionario real y su familia. Hay pues seguidores de Judea, de Samaría y de Galilea.

La primera semana del ministerio público (1,19-2,12): (a) Jesús como Cordero y Mesías: testimonio de Juan y llamada de discípulos (1,19-51); (b) comienzo de las señales: Caná: (2,1-12) y Judea (2,13-25)

Jesús, Mesías fundador de una nueva economía de la gracia (3-4): (a) revelación a los judíos (de Jerusalén: 3,1-21 y de Judea: 3,22-36), (b) a los samaritanos (4,1-45) y (c) gentiles (4,46-54).

– Segunda fiesta, en sábado, en Jerusalén: primera oposición a la revelación

Jesús como: Revelador del Padre (5,1-47).

– En Galilea, la Pascua del Pan de vida (6,1-71): nueva oposición a la revelación

Jesús como: Pan de Vida (6,1-71).

– La fiesta de las Tiendas (7,1–10,21): la gran revelación mesiánica; la gran repulsa.

Jesús como: Dador del Espíritu (7,1-30).

Jesús como: Luz del mundo (8,12-10,21).

– La fiesta de la Dedicación (10, 22–11,57): decisión de dar muerte a Jesús.

Jesús: uno con el Padre (10,22-42).

Jesús: Vida del mundo (11,1-57).

– Fin del ministerio público de Jesús y preliminares de la última Pascua(12,1-12,50).

Jesús: Rey Mesiánico (12,1-50).

Manifestación de Jesus mediante su Pasión, Muerte y Resurrección (13: 1 – 21: 25)

A esta parte se le suele llamar el “libro de la gloria”. El tema es enunciado en 13,1 con el anuncio de que Jesús era consciente de que le había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, mostrando hasta el extremo su amor por los suyos que estaban en el mundo. En los cinco capítulos que describen la última cena sólo “los suyos” están presentes para escuchar a Jesús de los planes que tenía con ellos, y luego en los tres capítulos que describen la pasión y muerte y resurrección, Jesús es glorificado y sube al Padre que es desde entonces Padre “de ellos” (20,17). Así pues esta parte, como la anterior, ilustra el tema del Prólogo: “A cuantos le recibieron / les dio la potestad de ser hijos de Dios, / a los que creen en su nombre, que no han nacido de la sangre, / ni de la voluntad de la carne, / ni del querer del hombre, / sino de Dios” (1,12-13). Es decir, a los que le aceptan, a aquellos que creen en su nombre, la Palabra les muestra su gloria mediante el regreso al Padre con su muerte y resurrección, y una vez que ha sido plenamente glorificado les comunica el Espíritu de vida, que les confiere un nuevo nacimiento.

Podemos estructurar estos capítulos del siguiente modo:

Libro de la gloria: La Hora de Jesús. La Pascua del Cordero de Dios (13-20)

– La Última Cena y el Último Discurso de Jesús (caps. 13-17).

Simbolismo del lavatorio de los pies (13,1-20).

El mandamiento nuevo (13,33-38; 15,9-17).

Discurso de despedida:

la revelación del Padre (14,1-14),

la promesa del Espíritu Santo (14,15-31; 16,1-15),

unión con Cristo (15,1-8),

odio del mundo y alegría de los discípulos (15,18-27; 16,16-33)

Oración sacerdotal de Jesús (17,1-26).

Pasión y Muerte de Jesús (caps. 18-19).

Estructura escénica y cronológica.

Manifestación de Jesús como Hombre y como Rey (18,28-19,16).

Dones de Jesús desde la Cruz: María, sacramentos, Iglesia (19,17-42).

– el día de la Resurrección y de las Apariciones de Jesús a las mujeres y a los apóstoles (20,1-31).

Cuatro escenas en Jerusalén y fe en Jesús resucitado (20,1-29).

– Primera conclusión del evangelio (20,30-31).

– Epílogo (21,1-25): aparición a orillas del Lago de Tiberiades

Pedro, pastor de la Iglesia.

La Vida de la Iglesia en el Cuarto Evangelio:

Como los demás Evangelios, el Evangelio de San Juan nace en el ámbito de una comunidad creyente inmersa en unas situaciones peculiares. Han sido, por ello, muchos los esfuerzos para intentar explicar el ambiente en el que se encontraba el evangelista y la situación de sus destinatarios.

Aunque estos intentos sean de carácter hipotético ayudan a la mejor comprensión del Evangelio. Sin embargo, conviene tener presente que detrás del testimonio del evangelista no están solamente las tradiciones de la comunidad, sino la tradición apostólica. Y dentro de esta tradición el evangelista subraya especialmente algunos aspectos. Destacan:

La Primera Carta de Juan:

Por su relación estrecha con el cuarto Evangelio, de cuya teología vive, la primera epístola de Juan es uno de los documentos más importantes del Nuevo Testamento. Aunque el lugar que ocupa en el canon de libros sagrados es a continuación de las Cartas de Pedro, la proximidad temática y de estilo con el Cuarto Evangelio hace conveniente su estudio a continuación de éste.

Viene a ser como una carta circular que complementa la enseñanza del Evangelio en un momento en que se daban algunas interpretaciones erróneas. Algunos falsos maestros habían surgido en el seno de aquellas comunidades vinculadas a la figura de Juan, amenazando con sus errores la pureza de la fe y de las costumbres cristianas. La Carta tiene la finalidad de denunciar aquellas desviaciones y fortalecer en la fe a los creyentes.

Quizás la mejor forma de entender el mensaje de esta carta sea estudiar con detalle la estructura de la Carta.

El escrito no nos proporciona datos sobre su autor, que unas veces habla en plural, como representando al grupo apostólico o a la comunidad de creyentes, y otras veces habla en singular de una forma que pone de relieve su cualidad de padre espiritual de la comunidad. La atribución de este escrito al apóstol San Juan está motivada por su afinidad con el cuarto Evangelio (Palabra, Encarnación, Mandamiento Nuevo, etc.). Ciertamente la epístola ha nacido en el círculo de la comunidad joánica.

La fecha de composición del escrito está en función de la asignada al cuarto Evangelio. Para algunos autores la epístola sería anterior y como una presentación del Evangelio. Para otros, la epístola supone ya la publicación del Evangelio. Una datación en torno a los últimos años de siglo I puede dar razón de los diversos datos.

La Segunda y Tercera Carta de Juan:

Estas dos Cartas, a pesar de su brevedad, gozaron desde el principio de una gran difusión. Muestran así la autoridad de su autor. El autor se presenta en ambas como “el Presbítero“, en quien la Tradición vio al apóstol San Juan. La segunda se dirige “a la Señora Elegida y a sus hijos“, expresión que es un modo figurado de designar a una iglesia local, muy probablemente de Asia Menor. La tercera va dirigida a un cristiano llamado Gayo, y quizás a través de él a un grupo de fieles. Las semejanzas de expresión y contenido de ambas cartas con la Primera Carta de Juan y el Cuarto Evangelio, hablan a favor de la misma paternidad literaria.

Por otra parte, ambas, particularmente la Segunda, contienen una serie de locuciones e ideas que son características de San Juan. Se puede suponer razonablemente que estas cartas fueron escritas en los últimos años del siglo I, como una advertencia en momentos en que el peligro de los herejes y disidentes no era aún tan grave como revela 1 Jn.

Muchos autores consideran esta 3ª epístola como el primero de los tres escritos. Generalmente se cree que la segunda epístola es anterior a la primera.

El Libro del Apocalipsis:

  1. El libro del Apocalipsis cierra la colección de los libros sagrados. El término apocalipsis es la simple transcripción de la primera palabra griega con la que comienza el libro (Ap 1, 1). Tiene un carácter profético y su doctrina teológica es rica y bastante desarrollada.
  2. El Apocalipsis fue uno de esos libros que durante algún tiempo no fueron recibidos como sagrados por todas las comunidades cristianas, probablemente por el uso que de él hacían algunas sectas heréticas. Con el paso del tiempo fue unánimemente aceptado en toda la Iglesia, que lo recibió como obra del apóstol San Juan.
  1. El lugar y la fecha en que se piensa que fue escrito hace suponer un contexto de dificultades para los cristianos de las comunidades a las que el autor se dirige: culto al emperador de Roma, sincretismo y fricciones con los judíos podían poner en peligro la fe o llevar a la desesperanza.
  2. Por eso, el libro tiene la finalidad de poner en guardia contra esos peligros y consolar y animar a cuantos sufrían el peso de la tribulación.
  3. Para ello emplea el lenguaje apocalíptico de la época, cargado de visiones y simbolismos. Tanto por este lenguaje apocalíptico como por los artificios que emplea de composición literaria, ha dado pie a diversas interpretaciones del libro a lo largo de los siglos. La fuente principal del simbolismo joánico ha de buscarse en el AT.
  4. La Iglesia ha recurrido a él con frecuencia, sobre todo en la Liturgia, para cantar el triunfo de Cristo resucitado, y el esplendor de la Jerusalén celestial, símbolo de la Iglesia en su estado glorioso.

El Apocalipsis en el marco de la literatura apocalíptica:

  1. Una comprensión adecuada del Apocalipsis de San Juan implica un conocimiento de la literatura apocalíptica de la época. El nombre de “apocalíptica” deriva precisamente del título del libro de San Juan: Apocalipsis. Significa propiamente “revelación del misterio de Dios“, pero a partir siglo XVIII, en que comienzan a conocerse otras obras judías que tienen un estilo parecido, el término “apocalíptica” viene a significar la esperanza febril en el final del mundo expresada en una forma de hablar llena de imágenes grandiosas y a veces cargada de ansiedades políticas nacionalistas.
  2. La expresión escrita de esta corriente se encuentra tanto en el Antiguo Testamento como en obras apócrifas judías, y se caracteriza por el recurso a las profecías, visiones y simbolismos . En el origen de esta literatura apocalípticaencontramos la tradición profética. Sin embargo, es preciso señalar un hecho importante: el rabinismo no ha reconocido nunca la masa de escritos apocalípticos judíos.
  3. El Apocalipsis de San Juan, aunque es desde el punto de vista literario modelo de literatura apocalíptica, su mensaje difiere profundamente de los apocalipsis judíos de la época.

CONTENIDO:

Fundándonos en Ap 1,19 en el libro se aprecian dos grandes partes: una formada por las cartas dirigidas a las siete iglesias de Asia (1,4-3,22); otra compuesta por las visiones escatológicas (4,1-22,15). Ambas partes van precedidas de un prólogo, en el que se presenta el autor y el libro (1,1-3), y se cierran con un epílogo a modo de conclusión, que contiene un diálogo entre Jesús y la Iglesia, y unasadvertencias al lector con la despedida (22,16-21).

– La parte dedicada a las cartas se inicia con un saludo epistolarsolemne, seguida de una introducción en la que se expone que Cristo glorioso le ordena escribir y las cartas a las siete iglesias (Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiátira, Sardes, Filadelfia y Laodicea).

– La parte dedicada a las visiones se inicia con una visión introductoria en la que el autor contempla a Dios en su gloria, desde donde dirige los destinos del mundo y de la Iglesia. Éstos constituyen un misterio que únicamente Cristo puede desvelar, pues es el único capaz de abrir los siete sellos. Después se presentan losacontecimientos previos al desenlace final, al hilo de una serie de visiones que culminan en la de la séptima trompeta. Con el sonido de ésta comienza a desarrollarse la victoria de Cristo sobre los poderes del mal y glorificación de la Iglesia. Primero, son presentados los contrincantes: la Iglesia y el Cordero de un lado; la serpiente y las bestias de otro. Después, se describen los combates con el resultado del triunfo de Cristo, el Juicio final y la aparición de la nueva creación y la Jerusalén mesiánica.

La afirmación central del Apocalipsis es la segunda venida del Señor -la Parusía- y el establecimiento definitivo de su Reino al final de los tiempos.

Un esquema de estudio podría ser este:

  1. Prólogo (1,1-3).
  2. Primera parte: Las cartas a las siete iglesias de Asia (1,4-3,22).
  3. Segunda parte: Visiones escatológicas (4,1-22,15):
    1. I. Visión introductoria (4,1-5,14): Se ve en el cielo al juez supremo y su corte (Ap 4,1-11), y luego al Cordero redentor que recibe el libro de los siete sellos (Ap 5,1-14)
  1. II. Acontecimientos previos al desenlace final (6,1-11,14): Después, a medida que se van abriendo los sellos, se van manifestando los símbolos de la justicia divina (Ap 6,1-8,21). Sigue a continuación la visión de las siete trompetas (8,22-11,14).
  2. III. Victoria de Cristo sobre los poderes del mal y glorificación de la Iglesia (11,15-22,15): Sigue la ejecución de los decretos de un librito abierto que Juan recibió de un ángel (12,1-22,5). En esta última parte se describe la visión de la Mujer y del Dragón (12,1-18), la transmisión de los poderes del Dragón a la Bestia (c. 13), el Cordero y sus seguidores (14,1-5), siega y vendimia simbólicas de los gentiles (14, 14-20), visión de las siete copas derramadas (cc. 15-16), el castigo de Babilonia – Roma (17, 1-19, 10), exterminio de las Bestias (19, 11-20, 15) y, finalmente, la nueva Jerusalén (21, 2-22, 5).
  3. Epílogo (22,16-21). El epílogo insiste en que las palabras del libro son verdaderas, y por eso se prohíbe alterar su contenido. La Iglesia y el Espíritu imploran la venida del Señor, y éste responde que vendrá pronto (Ap 22, 6-20). El libro termina con una bendición (Ap 22, 21).

La Iglesia en la Segunda Mitad del Siglo I:

A medida que la Iglesia se iba expandiendo debía ir enfrentándose a nuevas situaciones. La reflexión sobre algunos puntos doctrinales, el gobierno de las comunidades, la unidad entre ellas, las persecuciones, etc., hicieron necesario un recto discernimiento por parte de los garantes de la tradición apostólica. Al mismo tiempo que la Iglesia crecía, se ponía por escrito el contenido de la predicación apostólica y los responsables de las comunidades cuidaban de que los cristianos no se apartaran de la recta doctrina ante los errores que comenzaban a surgir.

En este contexto se sitúan las Cartas Católicas. Son muestra de la enseñanza y la catequesis que se impartía en las primeras comunidades cristianas, e insisten, con tono pastoral, en instrucciones doctrinales y en enseñanzas morales orientadas a una vida profundamente cristiana.

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